Parque Nacional del Corcovado

El Parque Nacional de Corcovado, Costa Rica

Costa Rica: parte I

¡Bienvenidos de nuevo a El Mundo con Helen!

El pasado verano, cuando parecía que nada ni nadie podía interponerse entre un billete de avión y mi sed de viajar, dediqué un mes a recorrer un pedacito de América Central. Aprendí muchísimas cosas en Costa Rica, Panamá, Guatemala y Cuba, cuatro países que a día de hoy ocupan gran parte de mi corazón viajero.

En este post hablaré de la primera parte del viaje a Costa Rica, el país de los cariñosamente apodados Ticos por su afición a añadirle “tico” a todas las palabras: chiquitico, cositico…

Elegimos este destino por la riqueza natural. Con una superficie de 51.000km²  (el 0,001% de la total del planeta) alberga el 5% de la biodiversidad mundial. Miles de mamíferos, reptiles, peces, anfibios, insectos y aves se convirtieron en nuestros compañeros de viaje.

Dos monos capuchino
Dos monos capuchino

Costa Rica es un país absolutamente esencial para la salud del Planeta Tierra y queríamos evitar que nuestra estancia fuera perjudicial para el medio ambiente. Una de las decisiones que tomamos fue elegir alojamientos eco-friendly, que tomaban medidas como optar por un diseño sencillo e integrado en el ambiente, utilizar energias renovables para abastecer las zonas comunes (en las habitaciones cotaban únicamente con la luz natural) o no disponer de agua caliente.

La cabaña en Leona Eco Lodge, en el Parque Nacional Corcovado
La cabaña en Leona Eco Lodge, en el Parque Nacional Corcovado
Vistas desde la cabaña
Vistas desde la cabaña

#1 día

El 2 de Agosto de 2019 cogimos un vuelo en Barcelona dirección a San José, la capital del país, donde pasamos únicamente una noche. Al día siguiente, alquilamos un vehículo (con Certificación de Sostenibilidad Turística) y empezamos un largo viaje hacia el Parque Nacional Corcovado, haciendo una parada de una noche en San Gerardo de Dota.

Concienciación ambiental
Concienciación ambiental

Dormimos en un albergue en el Cerro de la Muerte, un espacio rodeado de parques naturales y de selva habitada principalmente por aves, la más conocida, el Quetzal, un simpático pájaro multicolor al que tuvimos la suerte de ver al día siguiente (con la ayuda de prismáticos).

El bosque del Cerro de la Muerte
El bosque del Cerro de la Muerte

Llegamos a nuestra habitación y salimos a caminar por la zona. Había varias rutas marcadas para seguir (no es recomendable entrar en la selva si no es por un camino marcado o con un guía) y pudimos admirar sus imponentes y majestuosos arboles.

El bosque estaba lleno de flores y colibríes, que advertían de su presencia con un zumbido parecido al de una enorme abeja batiendo sus alas.

Un precioso colibrí
Un precioso colibrí
El sendero
El sendero
Mil colores
Mil colores

#2 día

Al día siguiente, por la mañana, salimos a buscar Quetzales con un guía experto. Rápido apareció un precioso ejemplar que nos deleitó peinándose las plumas en una rama.

El Quetzal con su preciosa cola verde iridiscente
El Quetzal con su preciosa cola verde iridiscente

Contentísimos por haber podido verlo, continuamos el trayecto. Nos esperaban 6:30h en coche. La mayoría de viajes son muy largos, no por la distancia entre los lugares si no por el estado y el trazado sinuoso de las carreteras. Especialmente en el último tramo de camino hacia Corcovado: una carretera de tierra, atravesada por torrentes -por lo que en un día de fuertes lluvias es imposible pasar- y unos socavones considerables.

Estas condiciones hacen que el Parque Nacional de Corcovado no figure en el manual básico del turista. Se necesita tiempo y paciencia para llegar.

Aparcamos el coche a una hora y media de distancia del alojamiento, en un aparcamiento público a partir del cual estaba prohibido el tráfico rodado.  El Leona Eco Lodge es un complejo de cabañas al que llegamos tras caminar 3’5km por una playa de arena negra enmarcada por el verde tropical de las palmeras y habitada por cientos de especies de animales.

Camino a Leona Eco Lodge
Camino a Leona Eco Lodge
El Océano Pacífico
El Océano Pacífico
Una pareja de Guacamayas sobrevolando Corcovado
Una pareja de Guacamayas sobrevolando Corcovado

¡Qué maravilla de trayecto, de alojamiento y de lugar! Pasamos allí un total de tres noches, y de verdad que fue absolutamente increíble.

Nos levantábamos por la mañana con el ruido del mar, el grito de algún que otro mono y el cantar de infinitas aves. Paseábamos por la playa mientras veíamos el amanecer, desayunábamos y empezábamos la ruta por el parque con nuestro amabilísimo guía.

Descubrí que cada mañana, un grupo de monos araña desayunaba en un árbol cerca de nuestra cabaña. Así que cada día a la misma hora procuraba estar cerca para observarlos.

Un mono araña desayunando cerca de nuestra cabaña
Un mono araña desayunando cerca de nuestra cabaña

Silencio y seguir estrictamente el camino son dos de las normas que hay que seguir al entrar al parque. La primera para que los animales no se asusten y puedas verlos lo más cerca posible, la segunda porque hay serpientes venenosas, mortales, que pisarlas sin querer podría llevar a graves consecuencias.

Vimos osos hormigueros, una boa constrictor, búhos, muchísimas parejas de guacamayas, cangrejos, cangrejos ermitaños, ranas, arañas, monos araña, murciélagos… Y descubrí especies que no sabía que existían como los pizotes o las eiras. No cabía dentro de mi la felicidad que sentía, no solo por tener la suerte de verlos, sino por descubrir que todavía hay sitios en el mundo en los que el impacto humano es relativamente pequeño.

Pizote
Pizote
Boa constrictor
Boa constrictor
Oso hormiguero

Después de estas preciosas rutas, volvíamos al alojamiento. Pasear por la playa, leer un libro en las hamacas, buscar monos y aves por los arboles más cercanos, bañarse en la orilla del mar o incluso darse una fría ducha en el baño al aire libre de la cabaña se convirtieron en infinitos planes sencillos y absolutamente mágicos.

El poco tiempo libre en Corcovado
El poco tiempo libre en Corcovado

Como no teníamos iluminación, la puesta de sol marcaba nuestra hora de cenar y dormir. Igual que la salida del sol marcaba nuestro despertar. Dos sensaciones que al principio pensaba que me agobiarían, pero que se convirtieron en una de las mejores experiencias de mi vida. Sentía que era una con la naturaleza. Hasta la dieta, básica, fresca y natural iba en concordancia con lo que sentía.

La puesta de sol y una tormenta a la vista
La puesta de sol y una tormenta a la vista

Ni siquiera la lluvia me molestaba, a pesar de que por la noche los truenos y la fuerte lluvia parecían lo más cercano a la caída literal del cielo. Todo iba en una perfecta sintonía a la que todavía a día de hoy, echo muchísimo de menos.

Nuestra ruta

Nuestra ruta por Costa Rica
Nuestra ruta por Costa Rica
  1. 02 de agosto:  San José.
  2. 03 de agosto:  San Gerardo de Dota.
  3. 04-06 de agosto: Parque Nacional de Corcovado.
  4. 06-07 de agosto: Parque Nacional Marino Ballena.
  5. 07-09: Arenal.
  6. 09-10 de agosto: Tortuguero.
  7. 10-12 de agosto: Puerto Viejo.
  8. 12 de agosto: Salida a Panamá.

Espero que este post os haya ayudado e inspirado para planificar vuestro próximo viaje, que seguro no está tan lejos como parece ahora mismo.

¡Nos vemos en breve para continuar el viaje por Costa Rica!

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